El blog de Susana

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En estas páginas plasmo mi opinión y mis experiencias.

¿Alemania se está autoeliminando?

Vida en AlemaniaPosted by sussicar Fri, February 01, 2019 17:48:51
Así lo asegura el libro “Deutschland schafft sich ab“ (Alemania se autoelimina). Es así, pero sólo en parte.

En el aeropuerto de Pudahuel (de Santiago) me preguntó la señora policía, al entregarle los pasaportes alemanes de mi familia, si era verdad que en Alemania se hablaba tan bien inglés. Me llamó mucho la atención aquella pregunta y contesté que no. Por supuesto que, viviendo en la frontera francesa, el francés es más importante. La gente, en general, habla el inglés básico como en otros lugares del mundo. PERO… como el gobierno alemán incentiva la inmigración con miras a llenar su industria de mano de obra barata, por aquella razón, en todas partes se está dando preferencia al inglés para crear una atmósfera de “bienvenida” y “aceptación”. Muchos creen, de verdad, esta falacia. El pueblo alemán, por su parte, ingenuo, cree que es parte normal del proceso de globalización que todo esté en inglés, sin darse cuenta del truco. Unos se han dado cuenta, sin ver una salida real a la situación más que la esperanza de que es una moda que pasará pronto. Otros, por su parte, han empezado a hacer sus maletas. Gente con dinero o estudios desean abandonar el país. Es una realidad. La cantidad de hombres fuerinos (foráneos) en grupos por las calles es impresionante. Ya muchas mujeres no se atreven a salir solas. En un pueblo como en el que vivo yo, ya me siguió un muchacho a las siete de la mañana luego de dejar a mi hija en la escuela. De seguro no quería preguntarme la hora. Y otros padres tampoco dejan a sus hijas andar solas, menos aún porque incluso a mediodía son seguidas por hombres de piel oscura para toquetearlas o bajarse los pantalones delante de ellas. Cosas que me han contado otras madres. Lamentablemente, hay gente mala que no viene más que a delinquir y hacer daño. Y eso hay en todas partes. El origen o el color de piel no es un indicio, pero la gente asocia inmediatamente al hombre negro con delincuente, al musulmán con intolerante, o al alemán con el nazi. Que los hay, hay. Que no hay que meter a todo el mundo en un mismo saco es de perogrullo. Se dice, pero no se practica.

Unos vecinos ya nos anunciaron sus deseos de emigración y no son los únicos. ¿Y por qué? Pues, porque los recién llegados tienen más derechos y garantías que todos los demás juntos. Ya deportar a un delincuente es delito contra los derechos humanos. Tal vez; tal vez, no. Un delito seguro es dejar que la gente acumule rabia, frustración y odio, y volverlos radicales. Los más enojados al respecto son los extranjeros que viven hace años acá, y a quienes les ha costado un mundo la convivencia con el idioma, pero más aún, con la gente.

Pero la gente no se da cuenta, que aquellos que recién llegan no están destinados más que a ser esclavos del sistema, mientras aguanten. Yo lo veo como un nuevo tipo de esclavitud. Ya no se va a buscar a la gente de África a sus países de orígenes, sino que se los obliga a emigrar (a través de la exportación de productos europeos subvencionados, que impide el desarrollo de una industria nacional) y se les facilita la entrada a países como Alemania, para venderles un sueño que está destinado a romperse. Cuánta compasión siento con aquella gente, porque en un país como éste, jamás serán aceptados por la mayoría. Ni tampoco sus hijos. Menos aún asistiendo a un sistema educacional, en donde el Estado invierte sólo en los más capacitados. Así es. Solamente el sol brilla gratis. ¿Qué hace un adolescente con sólo nueve años de escuela, nueve años, además, que son más fáciles que en las escuelas para niños más “capacitados”? Una madre de tres hijas me lo recalcó: “Mi hija menor no va al “Gymnasium” (diploma de 12 ó 13 años) porque el “Realschule” (10 años) es más fácil”. Como se dice en Chile, “me quedé de una pieza” (consternada y sin poder contestarle). Y es, lamentablemente, la mentalidad de otras madres.

Pero siguiendo con los inmigrantes. ¿Cómo se comporta la gente con los extranjeros? Como en algunos países se le pone el título a la persona, el abogado, el doctor, la profesora, etc., acá es el musulmán, el griego, el turco, el “extranjero”. Y ojo, que quienes discriminan no son solamente alemanes. De cierta forma, un extranjero tienen más compasión con otro extranjero, pero sólo hasta cierto punto. Hoy en día, medio mundo mira con recelo a todo lo que es “árabe” y desprecia lo “musulmán”, sobre todo a aquellas mujeres vestidas de negro hasta los talones, que dejan solamente el rostro descubierto. Cosas de costumbres. Y en un país libre cada cual se viste como quiere. Y acá es realmente así.

Pero “la culpa no la tiene el chancho, sino quien le da el afrecho”. Es cierto que este país se está autodestruyendo con su inmigración incontrolada, pero no hay más culpables que los propios alemanes, que se quejan de su gobierno, pero que al momento de votar continúan dando el voto a los mismos políticos. La gente aún no entiende que los políticos son elegidos por ellos y que no han comprado los puestos que tienen. Ni siquiera se los han ganado. En una democracia todos tienen algo que decir, vestir o religión que profesar, y cuando se vive en una, no queda otra que aguantar al vecino de al lado, aunque se tengan ganas de matarlo. Otro dicho dice que es “el pueblo tiene el gobierno que se merece”, pues porque el pueblo lo elige. La moraleja es, que quien se queja, que haga algo para cambiarlo.







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Las apariencias engañan

Vida en AlemaniaPosted by sussicar Fri, November 16, 2018 10:02:39
La gente está llena de prejuicios, pero peor aún, el mundo está lleno de mitos. Este año me he dado cuenta, más que nunca, que las apariencias engañan. Lamentablemente, cuando se vive en “país ajeno”, ya carga uno varios mitos consigo. La gente cree que en Sudamérica la gente anda vestida como indios del altiplano. Se lo preguntan a mi marido cada vez que se presenta la oportunidad. Él contesta que, a diferencia de los alemanes, los hombres chilenos van con traje y corbata a la oficina. Acá se ha desatado mucha controversia con respecto a la vestimenta de las mujeres musulmanas, aquellas que andan todo de negro o con el cabello cubierto. Personalmente, creo que uno puede vestirse como quiera, y, a diferencia del resto de la gente, no me molesta que anden todas tapadas. Esa misma gente que critica es la que viste ropa que necesita con urgencia una lavadita. “Aunque el mono se vista de seda, mono queda”. Cuán verdadero. Prejuicios, prejuicios y más prejuicios. Acá también la gente es maleducada. Padres que dejan que sus hijos los eduque el colegio, y si no, que se eduquen solos. “Solito aprenderá”. Uno agacha la cabeza ante tanta hipocresía. Gente que vive en casas modelos, que por fuera parecen buena gente, pero por dentro están vacíos. O yo diría ciegos, totalmente ciegos. Todo el mundo mira para el lado, ya que nadie quiere ser el primero en quejarse y romper el modelo de apariencia perfecta. ¡Las apariencias engañan!

Ayer acompañé a la clase de mi hijo (tercero básico) a la visita a un museo. Casi veinte minutos en tren. ¡Uf!, unos trenes de lujo y última generación, como en Alemania, ¡las apariencias engañan! Unos niños se pusieron a hacer estupideces, a resbalarse sobre el suelo del pasillo y a pegarse con unos folletos, pasando a llevar a los pasajeros que estaban sentados. Les importó un comino que los regañara. Uno hasta me imitó. Los hubiera dejado con gusto en el tren, y hasta creí, que sus padres estarían felices de deshacerse de sus hijos. Tristemente, no soy la única que lo cree. Estoy segura, que si hubieran sido niños de piel oscura, todo el mundo se habría exaltado. Por supuesto, el “negro” es el inculto. Pero como eran rubios de ojos azules, la gente ponía sólo mala cara. ¡Estos prejuicios! Hay que mirar a la gente con los ojos de la verdad, y el velo será descubierto.



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El queso suizo

Vida en AlemaniaPosted by sussicar Tue, October 30, 2018 21:01:35

Hoy caminaba por las calles del centro de Schaffhausen, una ciudad suiza en la frontera con Alemania. La arquitectura es realmente fascinante; aún se observan casas decoradas y pintadas como en tiempos del siglo XVII. Suiza siempre me ha llamado la atención, ya que en este país conviven tres tipos de culturas diferentes: suizos alemanes (que componen más de la mitad de la población), suizos franceses y suizos italianos, quienes no se diferencian sólo por el lenguaje que hablan, sino que también por algo más. Los “italianos” y “franceses” son, sin duda, más latinos que los “alemanes”. Como decía, en este país se convive con tres idiomas, además de un cuarto que es el retrorromano. Los suizos alemanes hablan también un dialecto, que, aunque tiene un sinnúmero de palabras alemanas, cuesta comprender, incluso para un oído experto. Aquí parece que medio mundo habla el dialecto: en tiendas, en la calle, en restoranes. A mi marido le llama la atención que hasta los inmigrantes lo hablen. En ello me quedé pensando hoy. Pues, yo creo que los suizos son diferentes, en muchos aspectos. Son muy gentiles, ya que saludan en cuanto uno pisa una tienda. En este país, cuya arquitectura ha quedado intacta (a salvo de las últimas guerras mundiales), parece que sus habitantes han quedado a salvo de los traumas de la guerra. Es cierto que su población sufrió también hambrunas que surgieron durante y después de las guerras mundiales, aunque no en la misma medida que en otros países. Vale recordar que Suiza siempre sirvió como territorio neutral y, durante la Primera Guerra Mundial, se convirtió en un gran hospital. Los soldados de los países en conflicto eran intercambiados en territorio suizo y muchos pudieron curar sus heridas en sus hospitales. En Suiza nació la Cruz Roja. Durante la Segunda Guerra Mundial se vivió más el miedo de una invasión, por ello se movilizó su ejército y se construyeron búnkeres como línea de defensa al estilo de la Línea Maginot francesa. La guerra, sí, ciertamente, provoca traumas casi insalvables en el ser humano y su descendencia. Pobres los que las han sufrido; más pobres aún, quienes las ignoran. Se nota en su población. Aquí se vive la democracia per se: se pregunta directamente al pueblo, quienes dan su opinión con un voto directo. El nivel de inmigración es, porcentual, más alto que en Alemania; la mitad del pueblo ya votó en contra de un aumento descontrolado. En este país abundan los túneles, así como las vacas con sus enormes campanas al cuello que pastan a campo abierto al lado de las calles. El queso es sabroso, así como el chocolate (Lindt y Frey son mis marcas favoritas). Destaco que se nota en los alimentos y su fabricación la influencia francesa-italiana. Quien desee viajar en automóvil por sus autopistas debe conseguir una Vignette, un autoadhesivo que se pega en el parabrisas delantero y que permite usar las autopistas durante todo un año. La policía se viste de azul como en el resto de Europa, aunque los autos son de un color blanco con naranjo, que más semejan una ambulancia. Que es caro, lo es; aunque su diversidad merece más de una visita.



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El peligro de ser peatón

Vida en AlemaniaPosted by sussicar Tue, October 02, 2018 10:00:54

Continuando con el diario vivir, mi hija me contó el otro día que un compañero le preguntó por qué su mamá la iba a dejar al colegio. Ambos fueron compañeros en la escuela básica y él vive a pocas cuadras de nuestra casa. Le aseveró, también, que ella vivía tan cerca y podía irse sola La mejor amiga de mi hija le respondió que no era su problema, y que, en el fondo, estaba celoso porque él tenía irse solo. Otra niña se entrometió y dijo que no era tan malo que la mamá la acompañara, pero que lo hacía desde el 1º básico. Mi hija está en quinto y va a un nuevo colegio, a un “Gymnasium” que queda a unos 15 minutos a pie desde nuestra casa. Podría llevarla en auto, como hace la otra gente, pero caminar es saludable, sobre todo, cuando no se puede (o quiere) practicar deporte. Aunque hay ciclovías, los niños no respetan las calles, ni semáforos ni peatones, aunque en cuarto año tuvieron que rendir una prueba, tanto escrita como práctica, sobre el uso de una bicicleta. La policía esta siempre la primera semana de clases controlando, y sólo esa semana hay cierto “orden”. Los otros días es como vivir en la jungla. Hoy en la mañana casi me atropelló un ciclista; quise cruzar el semáforo en verde y el niño (seguro de unos 11) no respetó el rojo. Me pasó rozando por el lado, y no alcancé a reaccionar para insultarlo. Al darme vuelta ya estaba a varios metros de distancia. La semana pasada uno se cayó al suelo, y debido a la pesada mochila, no podía ponerse de pie. Quise ayudarlo, pero me mandó al infierno con reiterados: “Todo en orden, todo en orden, todo en orden”. No me extraña, tampoco, que como adultos los ciclistas sean tan desvergonzados y se crean los reyes de las calles. Pero no sólo acompaño a mi hija al colegio para saber que llega bien, sino para pasar tiempo con ella. Tal vez su amiga tenga razón y sea pura envidia.



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El entorno alemán 1

Vida en AlemaniaPosted by sussicar Thu, September 20, 2018 10:43:43

Hace un par de días le contaba a una amiga chilena que me ha costado casi veinte años de mi vida comprender la psicología de mi entorno. Viviendo en el sur de Alemania desde hace casi 20 años y gozando del regalo de viajar con frecuencia por Europa, me he dado cuenta que el ser humano es igual en todas partes. No físicamente, obviamente, sino que interiormente. Acá también sufren de una envidia o arrogancia espantosas, y un miedo aún más horroroso, a la de vivir en desarmonía. Huyen del conflicto como si fuera la peste, lo que significa que no alzan sus voces contra las injusticias, sino que se quedan callados y miran para el lado (Como en muchas otras culturas), incluso si alguien está siendo robado o golpeado. Desde la infancia se elimina el deseo de lucha. Gritar es un pecado; el ruido de una autopista es preferible al de una escuela.

Durante los tiempos monárquicos, los niños no eran propios sino de los gobernantes; los hijos se tenían para el rey y sus juegos de guerra. Era un honor servir a la patria, y de ahí se comprende, porqué el pueblo aceptó lo que tuvo que aceptar. Pero no quiero referirme al pasado sino al presente. Los niños siguen criándose, de alguna forma, de la misma manera; las padres son desapegados y ya con seis años tienen que andar solos por las calles, yendo a comprar o al colegio. Con ocho se les permite entrar solos a la piscina (nadie pregunta si saben nadar). En los rostros de muchos se nota la desazón por la falta de un adulto acompañante; otros no quieren nada con sus progenitores. Muchos extranjeros desean “adaptarse”, educando a sus hijos de la misma manera, niños que después se sienten rechazados por sus padres o por el entorno que no los acepta por sus raíces foráneas. La triste realidad de una sociedad que se cree algo "especial". No todo lo que brilla es oro.









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